miércoles, 5 de mayo de 2010

Heladeria

Yo escribo porque me quiero poner una Heladería, si, una heladería. Se que no es el fin mas loable, podría haber dicho, "Yo escribo para alimentar a los niños de África", pero a ese ya lo uso Michael Jackson, así que no me queda mas opción que decir la verdad, mi único fin en la vida señor lector es ponerme una heladería. Pero espere, no se apure a desechar este papel, paso a contarle mis razones, y le aseguro que luego de escucharlas usted se va a descubrir con la cara llena de lagrimas, el corazón destrozado y el culo en la mano.

Tenía exactamente 8 años y transcurría el mes de noviembre de 1995 en las polvorientas calles de mi pueblo, jugábamos en la plaza, cuando Pablito, mi amigo y mi peor enemigo a la vez, llego con una noticia desvastadota, su papa iba a poner una heladería. La única heladería del pueblo, la primera, antes cuando uno quería comer un helado tenia que recorrer los 28 kilómetros que nos separaban de la paz, otro pueblo pequeño, pero que para mi significaba Paris.


Lejos estaba yo de alegrarme, demasiado lejos. Todo lo contrario, MI peor enemigo, iba a tener acceso libre a una cantidad infinita de helados, mientras yo, y todos los demás, contamos las monedas para comprarnos un palito bombón.


Ese verano fue insoportable, todas las siestas Pablito aparecía con un helado nuevo, un día crema del cielo, un día chocolate con nueces y otro día con el mítico Crucrito, como olvidarse de el, 150grs de la mas rica crema americana bañados enteramente con el mas rico chocolate, era algo así como el Zeus de los helados, pero tenia un precio inalcanzable y solo podíamos comprar uno luego de alguna visita a los abuelos.


Por suerte llego marzo y la heladería debió cerrar espantada por los fríos otoñales, pero el daño ya estaba hecho, mi orgullo infantil había quedado herido, y desde ese momento me jure, conjure y recontrajure que algún día me iba a poner una heladería.


Pasaron los años y todavía no logre mi cometido, pero eso esta a punto de cambiar, porque vos, lector desprevenido que ya caíste en las tristes garras de esta desconsoladora historia, no tenes mas opción, que dirigirte al banco mas cercano y depositar una pequeña contribución en la cuenta 02552587636945.

Por favor trata de que tu aporte no sea muy pequeño, las heladeras están muy caras y ni hablar de los alquileres. Ah y ya que estas, hacete una copia de este texto, y déjalo en los lugares mas inesperados, así otros lectores desprevenidos caen, como vos, en las poderosa redes de mi fatal historia. Muchas Gracias, Buenas noches.

1 comentarios:

Cecilia Olguín dijo...

¡helaado! ¡helado, helado!
dejá el número de cuenta, y hacemos una moneda...

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